"La lucha es la ley de la vida de La Causa R" Alfredo Maneiro. 1982
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[Opinión] “Presa de los vivos”. Alfredo Maneiro era un político inconforme… Por: Américo Martín

Alfredo Maneiro era un político inconforme, crítico, enemigo de los dogmas, y nada dispuesto a endiosar a nadie, ni a Bolívar ni a quienes se enfunden con su nombre

Los muertos -señaló JP Sartre hace 65 o 70 añosson proie aux vivant.

Vertido en cómodo castellano sería: “presa para los vivos”.

Cuando los vivos de marras están en el poder y controlan férreamente los medios y la vida ciudadana, eso de alimentarse de fallecidos ilustres, es de lo más fácil. ¿Bueno y por qué fácil? Pues porque los muertos no hablan, no están en capacidad de quejarse cuando se les convierte en precursores de sistemas corruptos, ineficientes e inviables. Y si los medios terminan por ser amordazados o reducidos a la impotencia, la egolatría tendrá pocas dificultades para hacer de los grandes fallecidos simples bocetos suyos, ensayos que han sido rescatados y perfeccionados. Bolívar, Martí, Napoleón, por ejemplo, serían precedentes o bocetos aún incompletos de lo que los endiosados caudillos pretenden ser o haber sido.

-“Soy el hombre de las dificultades”, le escuché decir a un infeliz que a lo sumo sería él la dificultad a resolver.

Los dictadores Castro, Gómez y Pérez Jiménez se asumieron continuadores de la gran obra bolivariana, inconclusa por las tergiversaciones apátridas. Pero no llegaron al grado de exaltación que estalló con el ciclo de los caudillos revolucionarios. Eso de disfrazarse de bandera y reducir la historia y el país mismo al esfuerzo de un solo hombre, gran hombre por supuesto, es una suprema necedad. Es un simplismo tan aterrador como el llamado modelo socialista aggiornado del siglo XXI.

Lo grotesco es que tres lustros de ejercicio revolucionario han destruido al país. Como un huracán de tábanos pasando por un sembradío de maíz, así han dejado al desolado país.

-¿Y esa catástrofe es culpa mía?, podría protestar el Libertador si le fuese dado renacer.

Ensamblar hombres de mérito y limpia trayectoria a causas nefastas parece ser el signo de nuestra época. Evo Morales puede mostrar una obra meritoria a la que debe su reelección. Pero no le he escuchado asumirse heredero del Gran Mariscal de Ayacucho, virtual padre fundador y presidente de la República Bolívar, posteriormente conocida con el nombre de Bolivia. No lo hace, probablemente porque hasta ahora no lo ha necesitado. No bate tambores que un socialismo que no intenta aplicar y probablemente no encuentra con qué pan comerlo, pero su país se pondrá al ritmo de las naciones que cerrarán 2014 colocados a la cabeza del crecimiento con baja inflación: Bolivia, Panamá, México, Colombia y todavía Perú y Chile. Brasil estancada, Argentina en declive y la pomposa Venezuela bolivariana, revolucionaria, socialista en el umbral de la recesión y a la cabeza del mundo en inflación. Como no tiene nada de qué ufanarse, revienta los tímpanos con Bolívar. Es su presa. Es su alimento.

El drama que vive TalCual, por el mo- mento postergado, implica directamente al poder. El papel ha pasado a control suyo. Es un monopolio que administra a placer sin percatarse del peligro de aislamiento y rechazo internacional que defiende más que nunca a la libertad de prensa y de opinión. Por una grotesca ironía del destino, el nombre de la institución que ejerce el total dominio de la celulosa, lleva el nombre de Alfredo Maneiro.

Como desde la adolescencia conocí y fui amigo de Alfredo sé perfectamente cómo era y hacia dónde marchaba su manera de pensar. Estuvimos juntos en la resistencia contra un dictador militar que sentíase heredero del Precursor Miranda y el Libertador Bolívar. Estuvimos juntos en los duros avatares de la lucha insurreccional y juntos comenzamos a separarnos del hieratismo teórico y el fatalismo marxista. Todo eso en el fuego del debate, no de las imposiciones. Todo eso derribando tabúes.

Lo que quisiera resaltar ahora es que se trataba de un político inconforme, crítico, enemigo creciente de los dogmas, afecto a discutir ­para lo que estaba bien dotado-, inclinado al pluralismo, a la opinión libre y para nada dispuesto a endiosar a nadie, ni a Bolívar ni a quienes se enfunden con su nombre. Tengo que decir entonces que me resulta particularmente penoso que su nombre figure en el frontispicio de una empresa aparentemente orientada a estrangular la opinión disidente.

No obstante, ocurrió lo que a muchos les pareció inesperado.

TalCual, que pare- cía destinado a salir de circulación el pasado martes, recibió unas bobinas de papel que le dan un corto respiro. ¿Se produjo un auspicioso cambio de línea oficial? Hago esa pregunta porque sé que los directivos de la empresa Alfredo Maneiro saben perfectamente que con dosificaciones del insumo no se puede doblegar a TalCual, si alguien se hubiera propuesto eso.

Ahora, si vamos a pensar lo mejor, bien podríamos estar ante una normalización del suministro, en cuyo caso los medios críticos y en el caso en cuestión, TalCual, continuarían su enaltecida labor democrática y los directivos de Alfredo Maneiro se anotarían un punto a su favor. Lo procedente en todo caso sería reunirse y discutir con serenidad sin que nadie tenga por qué arriar banderas.

Dos puntos a favor, diría, porque el otro es Alfredo Maneiro mismo, mi viejo amigo. Quizá se salve de ser alimento de vivos.

“Quizá” es todo lo que he dicho.

Fuente: Diario Tal Cual. 25/10/2014