"La lucha es la ley de la vida de La Causa R" Alfredo Maneiro. 1982
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¿Quién desarma a los colectivos paramilitares?

Este miércoles pasado, en rueda de prensa y diciendo representar a 260 colectivos, Jhonny Subera, de “Fuerza Comunal 4F”, le anunció al país que no van a acatar el “plan desarme”, con lo que confiesan estar armados.

En defensa de la revolución,  del legado de Chávez y, OJO CON ESTO, para “garantizar la seguridad en las calles” tienen armas y no las piensan entregar, dicen.

La Constitución define claramente en quien recae el monopolio de las armas y cómo se regula su uso, así como establece a quienes corresponde garantizar la seguridad ciudadana.

El discurso oficial presentando a los colectivos como ángeles caritativos se va a la alcantarilla con esta auténtica declaración de guerra contra el pueblo venezolano por parte de estos grupos paramilitares.

Y los calificamos de paramilitares porque reúnen todos los requisitos para ello: son grupos armados por el gobierno, que recibieron instrucción militar por parte de miembros de las FFAA, sus componentes están mayoritariamente en las nóminas de los organismos y dependencias gubernamentales y actúan en total impunidad, al amparo de las instituciones del Estado.

Tuvimos una clara muestra del concepto de “seguridad en las calles” que manejan estos grupos paramilitares durante las protestas del primer semestre del año con decenas de asesinados en nombre del restablecimiento del órden y al abrigo de declaraciones de gobernadores militares como Ameliach, Vielma Mora, Arias Cárdenas y Tarek Al Aissaimi, entre otros.

Nicolás Maduro, su oscuro gabinete y la Fiscalía le deben muchas explicaciones al país. La rueda de prensa del miércoles es la confesión de un cúmulo de delitos y desacato a las leyes. No hay otro responsable que ellos. Y que le aclaren al pueblo trabajador venezolano si, ante la total pérdida de apoyo popular, tomaron la decisión de mantenerse en el poder a toda costa, al estilo Somoza y sus matones, Duvalier y sus “Tontons Macoutes” o Noriega y sus “Batallones de la Dignidad”. Esas experiencias, sanguinarias y costosas, siempre terminan en derrota de los “poderosos”.